He escuchado en mi vida varias excusas para tomar alcohol: me hace bien para dormir, me lo recetaron, hace bien para el corazón, me hace hablar y otro monton de cosas. Sin embargo, como esta que les voy a contar, ninguna. Demás está decir que todavía me estoy riendo.
Resulta que la hermana Viviana hace el mejor lemoncello del mundo y siempre después de comer es trago obligado.
Hace un par de noches, terminada la cena, todas lavábamos los platos, cuando la voz de sor Ricarda se sintió desde el comedor: ¿Quién ha tomado Lemoncello? Y claro, no me quedó otra que confesar que había sido yo la bebedora. ¿Y por qué no me invitaste? El egoísmo es un pecado feo, Cecilia, me dijo con voz pícara. Pero Ricky, yo avisé...
Sin dejarme terminar aclaró rápido: no importa, para Dios no hay tiempos, entonces nunca es tarde para el lemoncello. Y así fue como la botella quedó un cuarto más vacía.
Acá dejo la receta para los que quieran hacer y probar
Ingredientes:
1 litro de alcohol puro (se compra en farmacias). También puede ser grapa
800 gramos de azúcar
1 litro de agua
12 limones (solo se usa la parte amarilla de la piel).Elaboración:
Poner la piel de los limones en un botellón con el alcohol durante una o dos semanas. La piel tiene que ponerse blanca y el alcohol amarillito.
Pasado ese tiempo, hay que hervir el agua con el azúcar (sin hacer almibar), se deja enfriar y se le añade el alcohol. Mezclás bien y lo dejás descansar otro par de semanas. Luego hay que colarlo, ponerlo en botellitas y tomarlo muuuuy helado!!!
RI QUI SI MO!

